Examen general
01.05.11
La verdad, nunca me había hecho un chequeo médico. Iba al doctor cuando aparecían síntomas de algo.
Se supone que uno debe hacerse exámenes de rutina, pero yo vivo de manera despreocupada y no soy hipocondríaco. La cosa es que paso de los 40 y el cuerpo se va desbaratando. La semana pasada finalmente me decidí y compré en una clínica uno de esos paquetes que tienen de todo: biometría hemática, reacciones febriles, electrocardiograma, rayos X, examen de orina, copro, antígeno prostático, revisión dental, cita con la nutrióloga y consulta psicológica. Para el de orina y el coprológico agacharse a sacar una muestra pastosa y caliente de excremento directo de la taza y con un abatelenguas fue particularmente repugnante. Orinar en el bote no fue tan problemático, pero confieso que me salpiqué. Ya en la clínica me sacaron sangre; me dejaron un hematoma en el pliegue del brazo que parezco adicto a la heroína. Para el electrocardiograma, me depilaron partes del pecho y me pusieron un gel, y luego unos chupones con cables. Sentí que me iban a electrocutar. Después de todas las pruebas me citaron unos días después. Confieso que iba muerto de miedo: imaginé al médico, con rostro sombrío y en tono parco, recitando toda clase de enfermedades infecciosas y terminales. Imaginé también a un representante de las capillas funerarias entregándome un panfleto con paquetes que incluían féretro y un agujero en el cementerio. Me puse a leer los diagnósticos y en la hoja de rayos X decía: “Radiografía de tórax sin datos relevantes, únicamente discretos cambios degenerativos”. Qué manera tan elegante de decir que estoy envejeciendo. No ayudó mucho a mi estado de ánimo. Al final salí bien en todo, excepto en el apartado nutricional: tengo el colesterol por las nubes, un poco de ácido úrico y azúcar algo elevada; un desorden metabólico, para acabar pronto. La nutrióloga revisó mis hábitos alimenticios y el médico me receto una medicina para bajar los niveles de colesterol. Dice que ya no puedo comer camarones. Pues chinga a tu madre: tengo una lista increíble de materiales que o no puedo comer o que deben dosificarse. Siento que estoy castigado.